Hay silencios que dominan cualquier conversación. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido luego que el presidente de Perú, Ollanta Humala, se negara a contestar mis preguntas sobre una posible reelección.
Al rehusarse a hacerlo, Humala volvió a destapar los miedos de muchos peruanos que no quieren para su país el mismo destino autoritario de la Venezuela chavista. Entiendo perfectamente que la constitución del Perú prohíbe la reelección inmediata. Lo que no entiendo es porque el presidente Humala se negó a decir por televisión que nunca buscaría la reelección.
Todo ocurrió durante la entrevista que me concedió el presidente Humala, antes de su discurso en Nueva York ante la asamblea general de Naciones Unidos. Hablamos, vía satélite, de muchas cosas.
En 14 minutos me dijo que apoyaba la creación del estado palestino, que Bolivia tiene que negociar con Chile (no con Perú) su salida al mar, que a él no le competía determinar si el expresidente Alan García fue un corrupto, y que no indultaría ni al expresidente Alberto Fujimori ni a su hermano Antauro Humala (condenado a 19 años de prisión por rebelión).
Y luego le hice la última pregunta. “¿Nos pudiera prometer, con absoluta certeza, de que usted no va a buscar la reelección?” Quería saber si él descartaba cualquier modificación de la constitución para buscar la reelección inmediata. Pero su respuesta (o más bien, la ausencia de ella) me sorprendió.
“Creo que los presidentes también merecemos respeto”, me dijo, sin contestar la pregunta. Pero no entendí dónde estaba la falta de respeto: solo estaba haciendo mi trabajo. “Me da la impresión de que usted tuviera un prejuicio contra mi persona, lo cual no puedo aceptar”.




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